Si ni el bronce, la piedra, la tierra o el mar sin límites escapan al poder de la triste mortalidad, ¿cómo podrá la belleza, no más fuerte que una flor, defenderse ante esa furia?
William Shakespeare
Si ni el bronce, la piedra, la tierra o el mar sin límites escapan al poder de la triste mortalidad, ¿cómo podrá la belleza, no más fuerte que una flor, defenderse ante esa furia?
William Shakespeare